Es temprano y el sol ilumina toda la
ciudad de Cajamarca con su esplendor. La plaza no es tan bonita esta temporada,
rocas por aquí y por allá, pistas con agujeros, donde cualquiera que pise mal
podría tropezar o más aun lesionarse. Pese a ello la iglesia, que en su tamaño
es grande y con una fachada colonial, y las casas siendo en su mayoría centros comerciales,
adornan el alrededor. Es lunes del 2003
de un día de Octubre, a pesar de ser el primero en la semana hay gente caminado
por toda la plaza, turistas, pobladores de la ciudad, trabajadores, perros,
etc. Esta se parece mucho a la Plaza de Armas de Lima, el ambiente, los
visitantes.
A unas cuadras del centro de la
ciudad, hay mil escalones, por lo menos,
donde en cada paso que uno da hay
pequeñas tiendas de recuerdos a orilladas como casas que adornan cada peldaño.
Al finalizar la subida, hay un binocular, que está por las puras, ya que de tan
solo alzar la vista se puede apreciar la cuidad entera desde la punta de ese
cerro llamado Santa Polonia. Si uno no tiene buen físico o no está acostumbrado
a ese tipo de subidas empinadas y con tantos escalones llegaría cansado al
bajar. Tomando una mototaxi que no faltan por esos lugares, a uno quince
minutos está el Cuarto de rescate de Atahualpa, una cola muy larga de personas
que esperan impacientes por entrar al lugar histórico. La fachada del lugar es colonial
al igual que las casas que se encuentran a su alrededor, al entrar hay una
escalera, adornada en cada lado por una especie de musgo muy verde. En ambos
lados, cuerdas sujetadas por palos de
madera que tienen forma de cañas de azúcar. Al terminar de subir una puerta de
madera gigante de color marrón lacre, que está al medio de piedras gigantes de formas
geométricas. Al entrar al cuarto hay más piedras siendo todo el lugar de
piedras, que lo primero que recorre tu cuerpo es un pequeño escalofrió. Ya es
tarde con tan solo visitar ambos lugares, las horas transcurrieron y la noche
poco a poco cubre la ciudad, que para que sea completa, no falta un buen chapuzón
de agua, una lluvia torrencial que inunda la plaza, y que apenas uno puede
andar, con los grandes charcos en la pista.
Al siguiente día, afueras de la
cuidad, el lugar es igual de colonial, sin embargo, pasto, paja, áreas verdes
por donde mires, y un hedor insoportable que invade el lugar. Una pequeña
granja centrada en tanto pastizal, un grajero muy parecido a una de esas películas
americanas, sale y saluda a los visitantes, para después llamar a sus vacas, una
por una con un nombre distinto y emitiendo una mu al ser llamadas como si
dijeran hola. El alrededor está sorprendido, al ver el inusual desfile de esos
mamíferos, el granjero agradece a sus espectadores, para luego ofrecer
productos lácteos, que muchos de ellos compran. después de varias horas de
camino, con auto se llega a los Baños del Inca, enorme como un centro
comercial, que en vez de tiendas tiene cuatro grandes piscinas de agua
hirviendo, estas son de un color verdoso, que en el fondo hay piedras por todo su alrededor. El
lugar está decorado de mayólicas de color rosado. Es todo un camino, parecido a
una pasarela, combinando con un puente
colgante ya que si pisas mal podrías caer en las aguas hirvientes. Al llegar al
final camino, el ambiente cambia, todo es más parecido a un hotel de cinco
estrellas, puertas por todos lados, y para no hacer más falta el recepcionista.
Al entrar a los cuartos hay una especia de jacuzzi, que se encuentra vacío, que
no tardaría en llenarse en unos minutos después de que uno de los ayudantes de esta especie de hotel llegara. La
noche cae y aun falta mucho por vista, Cajamarca es muy grande, tiene más de 10
centros turísticos, pero es imposible visitarlos en tan solo tres o dos días.



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