![]() |
| El estilo rococó fue implementado para un 80% de quintas limeñas |
Sus inicios como lugares de vivienda empezaron el S.XIX,
aquellas construcciones que agruparían a 9 familias, en un solo lugar, se
harían famosas siglos después, no por sus bellas estructuras, ya que tiempo después aquellas casas hechas de
adobe se destruirían con un terremoto catastrófico. Serían famosas por la gente
que vivía allí, los delincuentes.
![]() |
| Las quintas llegan a albergar de 9 a más familias. |
El patio es lo único que divide a la aquellas casas, tan
pequeñas que el ratón Pérez, aquel pequeñuelo que fue creado para llevarse los
dientes de los niños, podría vivir feliz. Y que tal como la casa en aquel
cuento llamado “Alicia, el país de las maravillas”, en donde la niña se
encoje. Tal vez sea una exageración pero
una casa de cada quinta son así de pequeñas.
Repartidas por diversos distritos, de los primeros fundados
por la Colonia, Cercado de Lima, Barranco, Barrios Altos. Se hacen galas por
tener esas preciosas que un día fueron habitados por los obreros de aquel
entonces .
![]() |
| La quintas en Barrios altos fueron declaradas en emergencia por la MUNLima |
Los obreros embelesados, por la belleza que estas casas resplandecían
en aquel entonces aceptaron. Todos usaron un baño común eran en total 9
familias que vivían en las quintas limeñas. La primeras casa eran las más
grandes, tenían portones gigantes, que hacían sentirá a uno como protagonista
de una película medieval. Poco a poco las puertas se hacían más pequeñas, como
si la perspectiva funcionará, apenas se pisa aquel piso plomo, sin encerar, y
con grietas por todos los lados.
El Perú quedó colonizado por las creencias y la creaciones
de los Españoles, las quintas no se salvaron de ser bautizadas por aquellos
apellidos Europeos, las más famosas eran las que se dedicaban a donar a las
beneficencias, hasta en esa época pedían dinero.
Decorada con el estilo rococó, aquel que tiene incesantes detalles
y una infraestructura complicada, típico de la arquitectura de la época virreinal,
y sus plantas asiáticas de las cuales
colorean todo el jardín con sus colores pasteles, la quinta Heeren, fue
declarada como patrimonio cultural.
A diferencia de las demás esta era más amplia, sus visitantes eran de la más clase alta,
embajadas como Estados Unidos, España, Japón, Bélgica, y Francia, se hospedaron
en aquel entonces en este lugar. Su fama era constante como lo es Machu Picchu,
su primer zoológico, las filmaciones que se realizaban todo era en dicha
quinta. Un día un empresario japonés decidió tomar otro rumbo a su vida, el asiático
Seiguma Kitsutani, se suicidó, tiempo después
el lugar se tornó terrorífico y misterioso, pasando a ser protagonista de
incidentes de terror.
![]() |
| Las afueras de la quinta Heeren embelesan Barrios Altos |
Tanta belleza se deteriora,
al igual como la piel las arrugas van apareciendo la piel va cayendo, las
quintas se van destruyendo, su material las haces débiles, el adobe no resiste
tanto como se cree. La lluvia, los movimientos sísmicos hacen que pedazo a
pedazo se caigan hasta no existir o hacerlas inhabitables.
Los recuerdos vacilan no
saben si quedar allí o llevarse una vida como lo hizo una vez aquel muro que
cayó y mató a un inocente, es difícil saber cunado llega nuestra hora, pero es más
difícil creer que el lugar al que uno le toma un cariño especial puede llegar a
matar. Al quintas que albergaban a muchos ya no son las mismas, la gente ya no
vive allí, hay muchas deshabitadas, y si todavía hay gente, son aquellos que se
dedican a incitar a las drogas que poco a poco llevaría a las muerte a sus consumidores, ladrones, que se esconden
hasta esperar a la presa que pase por aquellos portones viejos de los cuales cierran
todo el mini barrio, lugar en donde todos son familia, ya que todos conocen lo
que son lo que hacen, lo que tienen, y hasta lo que sienten.
La quinta en la que vivía mi
abuela.
La primera vez que fui no tenía
miedo, el portón principal era muy grande, yo era muy pequeña, el lugar era
hermoso, pese a esas grandes grietas en los pisos, que pareciera que un yeti habría
venido y pisado, dejando esas rayas parecidas a las venas de nuestro cuerpo. El
lugar era claro se veía en patio a los lejos, una virgen con muchas flores estaba
al medio del todo, el recinto. El catolicismo no pasaba de ser percibido. Las primeras puertas eran inmensas y tenían las
más gran casas del lugar.
Dos puertas más a delante
una estridente música, salía de una de las casas, y como no si el parlante
estaba afuera, la gente de esa casa era extraña miraban raro todo, y al parecer
su propia parecía pijama, un polo holgado y muy ancho o una bata de flores, la
cual llevaba la mujer más arrugada.
Una puerta siguiente era
la de mi abuela, que se andaba quejando de la música que ponían sus vecinos. Su
casa era una pequeña suficiente para que ella pudiera vivir sola. Aquellos primeros
pasos que daba al entrar hacían un claro crujido de la madera, que sonaba como
una silla mecedora.
El lugar tenía un olor
especial, el olor a caoba cautivaba a cualquiera. Su sala era tan pequeña que
los 5 que estaban allí estaban amontonados y apachurrados por los muebles. Su sala
estaba allí a unos pasos del comedor, como de la sala de ver televisión. Su cuarto
estaba después de la siguiente pared exactamente a la altura de su comedor, en
el cual solo cabía una cama. El pasaje para su cocina era muy estrecho, tanto así
que se tenía que caminar de costado para llegar. El baños estaba iluminado por
un tragaluz el único lugar por el que entraba el sol, la luz de la luna, y se podían
ver hasta las estrellas.
Se hizo de noche y la
pequeña casa tan solo se ilumino de lámparas, las cuales oscilaban una que
dos o tres veces cada hora. Aún recuerdo aquel olor del que mi abuela dejó
hasta su ropa olía a la casa, no había duda que vivir en una quinta lo llevas
hasta en la muerte, cuando los recuerdos cesan y aquel olor a caoba fresca pese
a los años, no se esfuma, ni con aquella sombra negra que posee una hoz.



.jpg)



0 comentarios:
Publicar un comentario