Una pequeña niña de risos marrones, creció en un
abrir y cerrar de ojos, aunque no de estatura sino su mente y corazón. Le
encantaba ir a KFC cada cumpleaños, a quien no le iba a encantar es crocante y
jugoso pollo, sin embargo ahora detestaría comerlo, le da asco , no puede ni
observarlo, de tan solo ver, le recuerda aquella escena en donde un pollo era
descuartizado sin piedad y él piaba hasta que el sonido onomatopéyico ya no se
escuchaba.
Nunca le importo lo que le sucediese a los animales, esto comenzó desde que se convirtió en vegetariana, sin embargo hubo alguien que hizo que su interés fuese más grande y ese alguien tenía nombre, Crispy, su pequeño conejito.
Crispy llegó a su hogar un 27 de setiembre del 2010, era un conejo malcriado, pero se fue adaptando a la presencia de Valeria, él fue una gran compañía para ella, estudiaba con él, comía con él, ya que siempre paraba sola en su casa. Un día una mala noticia le llego a su dueña, Crispy se había enfermado, ella hizo todo lo que pudo, sin embargo la enfermedad pudo más. Valeria con el dolor de su corazón tuvo que dormirlo, Valeria aún no se recupera lo extraña sin embargo, ya se acostumbró a su ausencia, pese que a veces recuerdos recorren su mente.
Gracias a Crispy, Valeria comenzó a interesarse más por los animales, si tuviera más dinero haría lo posible para que los indefensos y abandonados perros de la calle no sigan en ese estado. Ella no puede hacer más que darles de comer apenas tiene unos huesos o unos pedazos de carne, se los da, y a veces los persigue. Su madre le dice cada vez que veo eso deberías a ver estudiado veterinaria, pero ella no hace caso, lo hace por que quiere y siente que debe mucho a un animalito que por ella hizo mucho al entrar a su corazón y vida.
Nunca le importo lo que le sucediese a los animales, esto comenzó desde que se convirtió en vegetariana, sin embargo hubo alguien que hizo que su interés fuese más grande y ese alguien tenía nombre, Crispy, su pequeño conejito.
Crispy llegó a su hogar un 27 de setiembre del 2010, era un conejo malcriado, pero se fue adaptando a la presencia de Valeria, él fue una gran compañía para ella, estudiaba con él, comía con él, ya que siempre paraba sola en su casa. Un día una mala noticia le llego a su dueña, Crispy se había enfermado, ella hizo todo lo que pudo, sin embargo la enfermedad pudo más. Valeria con el dolor de su corazón tuvo que dormirlo, Valeria aún no se recupera lo extraña sin embargo, ya se acostumbró a su ausencia, pese que a veces recuerdos recorren su mente.
Gracias a Crispy, Valeria comenzó a interesarse más por los animales, si tuviera más dinero haría lo posible para que los indefensos y abandonados perros de la calle no sigan en ese estado. Ella no puede hacer más que darles de comer apenas tiene unos huesos o unos pedazos de carne, se los da, y a veces los persigue. Su madre le dice cada vez que veo eso deberías a ver estudiado veterinaria, pero ella no hace caso, lo hace por que quiere y siente que debe mucho a un animalito que por ella hizo mucho al entrar a su corazón y vida.

